Estrenada en Roma en 1816 bajo el título “Almaviva, ossia l’inutile precauzione” y basada en la obra de Beaumarchais “Le Barbier de Séville ou la Précaution inutile”, la noche del estreno fue un sonoro fracaso, hasta el punto que el propio autor temió por su vida. Relacionado o no con este rechazo, Rossini sustituyó la obertura original por la que ha llegado a nuestros días, escrita por él mismo para “Aureliano en Palmira”, y que ya había utilizado en otra ópera más.

Pero la gracia del libreto y la brillantez de los números de esta intriga ambientada en la Sevilla del siglo XVII, hacen que, incluso hoy, doscientos años después de su estreno, se la siga considerando la mejor ópera bufa de la historia.

Como critico de danza me ha gustado ver al bailarín y coreógrafo Javier Sánchez y saber que ha sido elegido para dirigir la parte coreográfica de la obra. Para mí es una garantía.