Reconozco que no he visto mucho teatro en escena a lo largo de mi vida. Los últimos quince años me los he pasado viendo espectáculos de danza y he dejado abandonadas otras artes escénicas. En lo que al teatro se refiere, como en tantas otras cosas, soy un ignorante.
Hoy, gracias al reto que Miguel Torres me planteó hace unos días, hacer fotos de teatro durante la función, he asistido a una obra de Samuel Beckett, “La última cinta de Krapp”
Digo todo esto porque no voy a tener la osadía de escribir una crítica, ni siquiera una opinión detallada. Tan sólo diré que la obra me ha gustado mucho, que he visto un anciano rememorando su vida en el escenario (he olvidado a Miguel y he visto al personaje) y que la obra ha gustado al público que ha aplaudido largo rato.
La vería de nuevo y por eso la recomiendo.
Sinopsis:
Esta es una revisión del montaje de “La última cinta de Krapp” que Pablo Corral Gómez dirigió en 1992 y Miguel Torres interpretó en el viejo y decrépito Krapp que Beckett escribiría con maestría en 1958.
Volver a mirar a ese “tigre enjaulado”, como Beckett lo llamaba, después de veinte años, ha provocado igualmente una mirada reflexiva del director y el actor. Un remontaje para visitar la soledad con que se acompaña el personaje que ha marcado desde el S.XX la manera de entender y tratar el recuerdo en un escenario.
Es su último cumpleaños en el que Krapp, escritor fracasado, lo celebra en compañía de las figuras que como fantasmas emergen de su memoria. Efemérides que no todas son tratadas de igual manera. Solo a una le permite entrar y quedarse; estar en su compañía. Un torrente de emociones que galopan por su interior a las que combate y también se abandona. Una lucha final con la que terminar una vida que considera malgastada.
