Tengo 72 años y mi trayectoria profesional y personal dista mucho de los estereotipos que todavía pesan sobre las personas mayores. Durante gran parte de mi vida laboral fui director financiero, una responsabilidad que desempeñé con solvencia gracias a mis amplios conocimientos de contabilidad fiscal y gestión empresarial. Mi trabajo exigía análisis, precisión y una actualización constante en un entorno normativo en permanente cambio.
Posteriormente he desarrollado una intensa actividad en el ámbito de la fotografía. Mi nombre ha quedado especialmente vinculado a la fotografía de escena, disciplina en la que he alcanzado un reconocido prestigio profesional. Sin embargo, mi trabajo no se ha limitado a ese campo. También cultivo el retrato y la fotografía de moda, dos especialidades menos conocidas por el gran público, pero igualmente importantes en mi evolución artística y profesional.
Lejos de conformarme con la experiencia acumulada durante décadas, en los últimos años me he adentrado en el mundo de la tecnología y la programación. He aprendido a programar HTML y PHP, y actualmente estudio Java para ampliar mis conocimientos. Además, trabajo en diseño y programación 3D mediante diferentes aplicaciones informáticas, incorporando herramientas que muchas personas siguen asociando exclusivamente a las nuevas generaciones.
Hace dos años abrí un perfil de Instagram que mantengo activo a diario. En él publico pequeños vídeos creados mediante técnicas de programación 3D, animación y diseño digital. Este proyecto personal se ha convertido en un laboratorio creativo donde combino conocimientos técnicos y sensibilidad artística, demostrando que el aprendizaje no entiende de edades.
También me relaciono con naturalidad con distintas inteligencias artificiales, explorando sus posibilidades y utilizándolas como herramientas de trabajo, aprendizaje y creación. Mi experiencia ha llevado a una conclusión clara: la capacidad para adaptarse a los cambios tecnológicos no depende de la edad, sino de la actitud. La curiosidad, el interés por aprender y la disposición para asumir nuevos retos resultan mucho más importantes que cualquier fecha de nacimiento.
Sin embargo, existe una contradicción difícil de ignorar. A pesar de mi experiencia profesional, mi capacidad de adaptación y mis conocimientos tecnológicos, encontrar trabajo a mi edad sería una tarea prácticamente imposible. No por falta de preparación ni por ausencia de competencias, sino por un prejuicio profundamente arraigado en nuestra sociedad. Eso es edadismo.
El jubilado
Precisamente contra esa discriminación por razón de edad se alza El Jubilado, una comedia basada en hechos reales que llega al Teatro Amaya de Madrid con el propósito de cuestionar muchos de los tópicos que afectan a las personas mayores.
La obra cuenta con las interpretaciones de Leo Washington, José Carabias y Miranda Collado, bajo la dirección de Esperanza Lemos. Con el mismo equipo de producción y parte del elenco de La Venganza de Don Mendo que también puede verse en este teatro, la propuesta se presenta como uno de los espectáculos destacados de la programación del Teatro Amaya durante el mes de junio.
La iniciativa surge de la mano de CEOMA, la principal organización sin ánimo de lucro de España dedicada a defender, coordinar y representar los derechos de las personas mayores.
La historia, estructurada en tres actos, gira en torno a Fernando, un arquitecto recién jubilado que aparece en escena con una energía desbordante y una imagen sorprendentemente juvenil. Convencido de que la jubilación representa el mejor premio tras una vida de trabajo, emprende una reinvención personal cargada de humor, recuerdos y situaciones inesperadas.
A su lado se encuentra Carmen, su esposa, que continúa trabajando y observa con ironía y cariño la transformación de Fernando. La relación entre ambos permite mostrar las tensiones que surgen cuando los roles profesionales y personales cambian de manera repentina. Al mismo tiempo, Carmen debe enfrentarse a los prejuicios asociados a la edad que afectan a su propia vida laboral.
Mediante diálogos ágiles, situaciones absurdas y momentos llenos de ternura, la obra aborda cuestiones tan actuales como el impacto emocional de la jubilación, la pérdida o transformación de la identidad profesional y los estereotipos edadistas presentes tanto en el ámbito laboral como en la sociedad en general.
El Jubilado combina humor y reflexión para desmontar prejuicios que con demasiada frecuencia limitan las oportunidades de millones de personas. La comedia muestra que la experiencia, la creatividad, la capacidad de aprendizaje y las ganas de seguir aportando valor no desaparecen con el paso de los años.
El elenco está formado por Miranda Collado, Leo Washington y Pepe Carabias, con dirección de Esperanza Lemos. La producción corre a cargo de CVA y C&G Producciones, con la colaboración de CEOMA. La obra está escrita por Leoncio López Álvarez.