"Las piscinas de la Barceloneta" es un monólogo de aproximadamente 70 minutos, que transita por la comedia dramática contemporánea, conducida por un único actor, un personaje principal y una galería de espejos, presentada en un mismo espacio.

Una obra emotiva, un homenaje a la poética de luchadores y libertarios, de héroes anónimos.

Una comedia que nace de la situación y los personajes, y la emoción de vivencias creíbles, con carne, y de la tragedia del día a día.

Esa tragedia que sería insoportable si no apareciese a cada instante una ráfaga de alegría en forma de diálogos divertidos, situaciones cómicas y momentos tiernos.

La pieza se perfecciona como una ficción reflejo de una realidad, de un tiempo y un lugar en el que la lucha de unos pocos fue el primer paso para conseguir derechos y libertades, porque también es necesario que el teatro cumpla su función social.


Barcelona, 1977. SEBAS es un muchacho de 16 años de un barrio del extrarradio, humilde, sin cultura, sin mundo exterior. Sólo las películas de Hollywood le muestran que hay otros mundos.

Sus ojos todavía pelean por no hacerse viejos antes de tiempo, como le ha pasado a la mayoría de sus amigos, aunque no atina a descubrir qué puede hacer.

Un día de tantos de verano, junto a sus amigos se cuela en las piscinas del barrio y “alguien” habla de otras piscinas: “LAS PISCINAS DE LA BARCELONETA”.

En ese complejo que vivió su esplendor en la modernidad de los años 20, situado al lado del puerto y ya en irremediable decadencia, hay una piscina a la que llaman la “Deliciosa”, frecuentada por personajes lumpen y marginales de la época: artistas del paralelo, homosexuales, anarquistas, putas, chaperos, estraperlistas del barrio chino, marineros...

SEBAS escucha con atención. No sabe qué es el Paralelo. Ni el estraperlo ni el barrio chino. Pero hay algo en todo eso que le atrae.