Entre bobos anda el juego es una ingeniosa y divertida comedia, que gira en torno a su caricaturesco y ridículo protagonista, don Lucas del Cigarral, un rico hidalgo, feo, avaro, pretencioso y celoso, que concierta su boda con doña Isabel de Peralta, una joven hermosa y pobre, que se enamorada de don Pedro, primo de don Lucas, cuando éste manda a don Pedro, en busca de Isabel.
La gran cantidad de sucesos y equívocos de esta comedia se precipitan de noche, cuando en un mesón encuentran a don Luis, pretendiente frustrado de Isabel, a Alfonsa ridícula hermana de don Lucas, y a don Antonio, hermano de Isabel.
Rojas Zorrilla es uno de esos autores que siempre he leído con verdadera pasión. Creo que sus obras son un paso más allá respecto a la dramaturgia que en el Siglo de Oro deja consolidada Lope, y contribuyen a que la dramaturgia nacional gane enteros en colorido y eficacia —de manera paralela a la obra de Calderón— hasta los años 40. Me atrevería a decir que las obras de ambos son la última evolución original de nuestro teatro patrio antes de que se eche a perder del todo, víctima de las influencias francesas que anegarán nuestro gusto dramático durante los siguientes dos siglos.
Y aunque habitualmente sus comedias requieran maneras un tanto excesivas, cercanas a la farsa, no faltan en sus obras —pegados a los personajes estrambóticos y desmedidos— momentos delicados, llenos de una lírica particular. Es decir, que sus personajes son de carne y hueso, y aman, y sufren penalidades de todo tipo tratando de nadar contra la corriente enloquecida que impone la sociedad en la que transcurre el argumento; reflejo casi grotesco de la realidad que habitaba el espectador. Este es el complicado equilibrio que se plantea en esta pieza: combinar el mecanismo, lleno de ritmo y contraste, del enredo que gobierna el figurón y permitir respirar a los personajes que lo necesitan. Y en ello estamos…
Eduardo Vasco
Director













